DIRECTORIO FRANCISCANO
SANTORAL FRANCISCANO

16 de mayo

Santa Margarita de Cortona (1247-1297)

Discurso de Juan Pablo II en Cortona (23-V-1993)

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Margarita nació en Laviano (Italia) en 1247. De joven, durante nueve años, convivió escandalosamente en Montepulciano con un caballero que acabó asesinado. Entonces ella, con su hijo, marchó a Cortona, vistió el hábito de la Tercera Orden Franciscana y emprendió un nuevo camino. Dedicóse a las obras de caridad, en particular con los enfermos, y para atenderlos mejor se asoció con otras compañeras y levantó un hospital. Descolló por su oración y penitencia, así como por su ardiente amor a la eucaristía y a la pasión del Señor. Murió en Cortona en 1297. Fue canonizada por Benedicto XIII en 1728. El 23 de mayo de 1993, Juan Pablo II visitó en Cortona el santuario de la Santa.

Queridos hermanos y hermanas:

La dramática historia de santa Margarita nos lleva a considerar la gracia del matrimonio y de la familia. No pudo casarse con el hombre que amaba y con el que tuvo un hijo, porque procedía de modestos orígenes campesinos, mientras que su novio era noble. Cuando éste murió trágicamente, Margarita, que había quedado sola con el niño, fue expulsada del castillo donde había vivido durante casi diez años. Pero precisamente en aquel momento de máxima dificultad, se le abrieron de par en par las puertas de la Iglesia. Acogida bajo la protección de los frailes de san Francisco, muy pronto, por su intensa sensibilidad religiosa, fue admitida en la Tercera Orden Franciscana. Así empezó para ella una vida nueva en la penitencia, la oración y el ejercicio de la caridad para con los pobres.

Queridos hermanos y hermanas, con este segundo nacimiento vuestra patrona nos invita a considerar el valor supremo de la vida cristiana, animada por la conversión y la caridad fraterna.

Joven de gran belleza, se transformó en una mujer de incomparable encanto interior gracias a los místicos dones sobrenaturales con que Cristo la adornó. Nacida pobre, se hizo pobre por elección, a ejemplo de Francisco y Clara, abandonándose en las manos de Cristo crucificado. Dos veces huérfana, entró plenamente en la familia de la Iglesia y fue madre de numerosos pobres, tanto desde el punto de vista material como moral.

Fue madre, pero no llegó a ser plenamente esposa. Lo fue sólo de modo espiritual, profundizando su peculiar vocación. Descubrió que su misión consistía en reparar personalmente la falta de amor de los seres humanos hacia Dios. Lo hizo con la oración y la acción: pasando muchas horas en contemplación ante el crucifijo y cuidando a los enfermos, especialmente a las mujeres embarazadas privadas de asistencia. Margarita halló en el Corazón de Cristo el verdadero castillo donde refugiarse; en el Nombre de Jesús, el único título verdadero de nobleza, y en la Eucaristía, el alimento espiritual de cada día.

Queridos habitantes de Cortona, hay un tercer aspecto de su mensaje que quisiera subrayar hoy: la dimensión social de su testimonio.

Es imposible no maravillarse frente a la fuerza extraordinaria de renovación moral, cultural y civil que brota de esta mujer del pueblo, que escaló la cumbre de la santidad. Margarita fue mensajera de paz y concordia entre las facciones de vuestra ciudad; impulsó en gran medida la religiosidad popular mediante el canto de las Laudes, expresión característica del espíritu franciscano; y, sobre todo, dio un eficaz testimonio de caridad, fundando un hospital que todavía existe: la Casa de Santa María de la Misericordia.

A pesar de ser muchacha pobre, con dificultades en su misma familia, Margarita no tuvo miedo de desafiar su ambiente para seguir, después del amor a un hombre, el amor mayor a Cristo. De esta forma, llegó a ser modelo de conversión a una existencia totalmente renovada. Frente a un mensaje tan actual y elocuente, ¿cómo podemos quedar indiferentes?

Queridos fieles, santa Margarita nos invita a la conversión, nos impulsa a la fidelidad y nos alienta a seguir el Evangelio. Dirijámonos a ella con confianza. Que su intercesión nos acompañe todos los días: te acompañe a ti, amado pueblo cortonense, y a los numerosos peregrinos que vienen aquí desde todo el mundo para orar. Que ella obtenga para todos la paz del corazón y el don de la fidelidad al Evangelio.

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 4 de junio de 1993]

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