DIRECTORIO FRANCISCANO
SANTORAL FRANCISCANO

6 de octubre

Beata María Ana Mogas Fontcuberta 1827-1886

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María Ana, fundadora de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, popularmente conocidas como de la "Divina Pastora", nació en Corró de Vall (Barcelona). Muy joven renunció a la acomodada posición social de que disfrutaba, para servir al Señor dedicándose a la formación de la niñez y juventud y a la atención de los más necesitados. Murió el 3 de julio de 1886 en Fuencarral (Madrid). La beatificó el 6 de octubre de 1996 Juan Pablo II, quien estableció que su fiesta se celebre el 6 de octubre.

La madre Mogas, camino y cayado

por Jesús López Sobrino, Pbro.

Los términos bíblicos «camino y cayado» ensamblan admirablemente con la trayectoria biográfica y la andadura espiritual de la madre María Ana Mogas Fontcuberta, fundadora de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, e incluso con el emblema y anagrama de la congregación: el zurrón del peregrino y el cayado.

La madre Mogas nace el 13 de enero de 1827 y en su bautismo recibe los nombres de María Ana Peregrina. Esta tercera nominación, que pasa casi siempre desapercibida, cobra un significado especial cuando contemplamos la vida de María Ana bajo el prisma de un camino abierto totalmente a la iniciativa de Dios y... de una integra fidelidad al buen Pastor, que conduce a su pueblo bajo el cayado de la caridad.

Los primeros años de María Ana transcurren en el hostal del Lladoner, una mezcla de posada y masía, situada en Corró de Vall (Granollers) a la vera del camino real de Barcelona a Vic. Los ojos de la niña se abren a la cálida luz de unos padres ejemplares y al trasiego de viajeros que hacen parada y fonda en el hostal. Entre el ruido de los carros y tartanas y el jadeo de las caballerías María Ana, sin duda, oiría comentar la sublevación de los agraviados de Cataluña, el levantamiento de los realistas catalanes contra el Gobierno, el último precio del mercado de cereales y hortalizas en Granollers, o la narración cantada del último crimen. La mente despierta e inteligente de la muchacha se va abriendo por ósmosis «silenciosa» al complejo camino de la existencia humana, con sus veredas alegres y con sus trágicas pedregosidades.

El camino azul de su infancia se tuerce con la negrura del drama familiar. A los siete y a los trece años pierde sucesivamente a su padre y a su madre, y entra en escena el camino desconcertante del Señor: «Mis caminos no son vuestros caminos» (Is 55,8). Y comienza el éxodo, hacia Barcelona. La vida del creyente, en los planes de Dios, sufre procesos de constante desinstalación, según el paradigma de Abrahán: «Sal de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré» (Gn 12,1).

Las alas, apenas desplegadas, de su adolescencia se ven frenadas en caminos de áspera maleza. Pero ella no se deja hundir por la tragedia sino que se apoya en el firme cayado o palo de la cruz, que ha entrevisto en el aprendizaje catequético de su primera comunión. Bajo esta luz se entienden sus palabras posteriores: «Señor, no podré amaros ni serviros si no me desposo con vuestra cruz».

Un mundo nuevo se abre para María Ana Peregrina en la ciudad condal, que supera en aquellos años la desamortización religiosa y el sectarismo anticlerical, merced a una floración de hombres y mujeres de la talla de Jaime Balmes, Antonio María Claret o cualquiera de las fundadoras catalanas de esa época. La joven huérfana de Granollers se ve pronto inmersa en la clase más señorial y acomodada de la burguesía que gira en torno a la calle Moncada y a la parroquia Santa María del Mar. El camino se torna sumamente atractivo y hasta se puede convertir en un simple paseo de la vanidad y en la desvirtuación de una personalidad cautivadora.

Sus dotes personales («era atrayente por su finura, tenía el rostro muy simpático y agradable... un poco seria») y su esmerada formación de señorita distinguida le emplazan en una opcional encrucijada de caminos. Su vista se detiene un tanto en el valle idílico de sus espléndidos dieciocho años, pero no se deja impregnar del espejismo y quiere ser siempre un ventanal abierto a la agudeza gótica de la voz de Dios, que le llega en Santa María del Mar a través de mosén Gorgas, vicario de la parroquia.

Dios irrumpe en su camino merced al encuentro con el virtuoso padre José Tous, capuchino exclaustrado, y con dos capuchinas, también exclaustradas, que intentan rehacer su vida dedicándose a la enseñanza de la niñez. María Ana comienza la andadura a lo divino, rompiendo las ataduras de su status social, la oposición de su tutora y madrina, y superando incluso la negativa inicial de mosén Gorgas. Ella se apoya en el cayado del Maestro y su mano se ve robustecida y confortada.

La naciente comunidad religiosa encuentra el pavimento fundacional muy bacheado en la villa gerundense de Ripoll con un Ayuntamiento anticlerical y con unas condiciones muy precarias para el desenvolvimiento de un sueño institucional cuyo peso recae pronto en María Ana, que todavía es novicia. Ella lo recuerda así: «Sor Isabel Judel y sus compañeras, por inspiración divina, me confiaron dicha congregación, aunque incapaz y ruin para desempeñar semejante ministerio».

La frase retrata a una mujer con temple de santidad que apoya su seguridad en Dios, único camino y seguro cayado. La firmeza en las decisiones más comprometidas la acompañará siempre.

La obra, cuando es de Dios, allana montes, endereza sendas y salva todo tipo de dificultades. Ripoll queda atrás, y el camino vecinal del instituto religioso se ensancha en Capellades, San Quirico de Besora, Barcelona... Desde Capellades la madre Mogas y sus compañeras en 1863 emprenden a pie una peregrinación a Montserrat, que se convertirá en un auténtico símbolo del camino y... del amor a María, verdadera peregrina de la fe.

El viaje fundacional de la madre a Ciempozuelos, para la expansión en Castilla y sus primeros pasos en la capital de España, suponen un esfuerzo y un trabajo evocadores de las calzadas romanas. Su acento catalán cae bien en las calles del castizo Chamberí y, más tarde, venciendo ya los achaques de la apoplejía, funde su caridad ardiente con el sol de Córdoba, para cumplir en esa ciudad una de las finalidades descritas ya en los estatutos de la congregación de 1875: «Asistir a los enfermos en sus casas». También establece, de acuerdo con los planes del obispo, una casa para jóvenes empleadas en el servicio doméstico.

De Córdoba... al seminario santanderino de Corbán. Allí, en los comienzos de esta fundación cántabra, su cayado en forma de timón sufre los embates de las olas encrespadas. Pero... se remansan las aguas y se abren nuevos caminos en Quintana de Valdivielso (Burgos), Toledo, Fuencarral de Madrid... Incluso emprende negociaciones para la apertura de una casa-misión en Tánger (África).

Finalmente su recio caminar y la firmeza de su cayado se abaten en Fuencarral el 3 de julio de 1886. «Ha muerto la santa», que deja este sencillo testamento a sus hijas: «Hijas mías, amaos unas a otras como yo os he amado y sufríos como yo os he sufrido. Caridad, caridad verdadera. Amor y sacrificio».

La madre Mogas abrió a sus hijas con la entereza de su cayado (nunca doblegado en las más hostiles y dificultosas circunstancias y siempre apoyado en la Providencia) caminos de acción caritativa y social en hospitales, residencias de ancianos, orfanatos, centros marginales, países del tercer mundo... y sobre todo en el apasionante y «agónico» mundo de la educación y de la enseñanza. Ella fue una maestra de excepción y una sublime pedagoga del espíritu. Ella siguió al Maestro Jesús por el camino de la cruz hasta la Resurrección. El Señor siempre da el ciento por uno y glorifica a su sierva con la beatificación el 6 de octubre de 1996.

A nosotros nos corresponde proseguir el camino roturado por ella y completar lo que ella pedía a Dios: «Perfeccionad, Señor, asegurad los pasos que he comenzado a dar en el camino de vuestro servicio, de tal manera que ninguna cosa del mundo sea capaz de hacerme volver pies atrás».

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 11-X-96]

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