DIRECTORIO FRANCISCANO
SANTORAL FRANCISCANO

31 de mayo
SANTA CAMILA BAUTISTA DE VARANO
(1458 - 1524)

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Nació en Camerino (Las Marcas, Italia) el 9 de abril de 1458. Entre los 18 y los 21 años vivió un período de grandes pruebas espirituales, atraída por las realidades del mundo. En la Cuaresma de 1479 recibió la luz interior para comprender el don inestimable de la virginidad consagrada. Dos años después ingresó en el monasterio de las clarisas de Urbino, tomando el nombre de sor Bautista. Hacia finales de 1483 emitió la profesión religiosa. El 4 de enero de 1484 fundó con ocho compañeras la congregación de Hermanas Pobres de Santa Clara. Tuvo iluminaciones interiores, éxtasis y visiones de ángeles y santos, pero, sobre todo, se le concedió el deseo de participar de los dolores interiores que el Redentor había experimentado en su pasión. Murió en Camerino el 31 de mayo de 1524. El Papa Gregorio XVI la beatificó el 7-IV-1843 y Benedicto XVI la canonizó el 17-X-2010.

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De la homilía de Benedicto XVI
en la misa de canonización (17-X-2010)

Santa Bautista Camila de Varano, monja clarisa del siglo XV, testimonió con todas sus fuerzas el sentido evangélico de la vida, especialmente perseverando en la oración. Entró a los 23 años en el monasterio de Urbino y se integró como protagonista de aquel vasto movimiento de reforma de la espiritualidad femenina franciscana que se proponía recuperar plenamente el carisma de santa Clara de Asís. Promovió nuevas fundaciones monásticas en Camerino, donde fue elegida abadesa en varias ocasiones, en Fermo y en San Severino. La vida de santa Bautista, totalmente inmersa en las profundidades divinas, fue una ascensión constante por el camino de la perfección, con un amor heroico a Dios y al prójimo. Estuvo marcada por grandes sufrimientos y místicos consuelos; en efecto, como ella misma escribe, había decidido «entrar en el Sagrado Corazón de Jesús y ahogarse en el océano de sus dolorosísimos sufrimientos». En un tiempo en el que la Iglesia sufría un relajamiento de las costumbres, ella recorrió con decisión el camino de la penitencia y de la oración, animada por el ardiente deseo de renovación del Cuerpo místico de Cristo.

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SANTA CAMILA BAUTISTA DE VARANO
Datos biográficos

Camila era su nombre de pila. Bautista, nombre usual en aquel tiempo también para una mujer, el que adoptó en su profesión religiosa.

Battista Camila (o Camila Bautista) Da Varano nació en Camerino (provincia de Macerata, Las Marcas, Italia) el 9 de abril de 1458, hija del príncipe Julio César de Varano y de Doña Cecchina di maestro Giacomo.

Su vida estuvo profundamente ligada a la Orden de Hermanos Menores, los franciscanos, y particularmente a las figuras de Fr. Domingo de Leonessa, Fr. Pacífico de Urbino y Fr. Francisco de Urbino.

En torno a los 8 o los 10 años, siguiendo la sugerencia de un predicador cuaresmal, hizo voto de meditar todos los viernes la pasión del Señor y de derramar al menos una lágrima, voto que mantuvo con extraordinaria fidelidad. Desde los 18 a los 21 años pasó un trienio de luchas espirituales íntimas, atraída como estaba por las realidades del mundo, pero sin renunciar nunca a su Señor sufriente, por amor de cual comenzó a practicar una austera ascesis. Comentando este tiempo de su vida interior, escribiría más tarde con convicción: «Bienaventurada aquella criatura que por ninguna tentación deja el bien comenzado».

En la Cuaresma de 1479, durante la vigilia de la fiesta de la Anunciación, obtuvo la luz interior para comprender el don inestimable de la virginidad consagrada. El 14 de noviembre de 1481 ingresó en el monasterio de las clarisas de Urbino. A finales de 1483 emitió la profesión religiosa. En los primeros días de enero de 1484, volvió a Camerino con ocho compañeras que, el domingo 4 de enero, daban inicio formal a la nueva comunidad de Hermanas Pobres de santa Clara, en el monasterio que su padre había adquirido de los monjes Olivetanos para ella.

Entre tantos otros dones, se le concedió el insaciable deseo de compartir los dolores interiores que el Redentor había padecido en su pasión.

El 28 de enero de 1505, el papa Julio II, que la estimaba mucho, la envió a formar una nueva comunidad de clarisas en la ciudad de Fermo, donde permaneció dos años; modeló también la nueva comunidad de clarisas en San Severino Marche los años 1521-22.

Entre sus escritos hay que citar: La pureza del corazón.

Sufrió a causa de la división en la Iglesia, propugnada por Martín Lutero.

Murió a la edad de 66 años, de los que había pasado 43 recluida en la intimidad del claustro, el 31 de mayo de 1524. Sus restos mortales reposan en el Monasterio de las clarisas de Camerino. Benedicto XVI la canonizó el 17 de octubre de 2010, en la plaza de San Pedro (Vaticano).

En alabanza de Cristo. Amén.

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Bautista Camila nació en Camerino el 9 de abril de 1458, hija del príncipe Julio César de Varano y de la señora Cecchina di maestro Giacomo. Si bien nacida fuera de matrimonio, la niña creció en el palacio paterno, donde recibió una adecuada instrucción en las artes y las letras bajo el cuidado de doña Juana Malatesta, esposa del príncipe.

En torno a los 8 o a los 10 años, después de escuchar una exhortación del predicador Fr. Domingo de Leonessa, hizo voto de meditar cada viernes la Pasión del Señor y derramar, al menos, una lágrima. Este simple compromiso, abrazado con infantil entusiasmo y observado con una constante fidelidad incluso cuando le costaba sacrificios, le abrió los insondables horizontes de la gracia y la condujo a una intensa vida espiritual. Ella misma escribió: «Por virtud del Espíritu Santo, aquella santa palabra quedó impresa de tal manera en mi tierno e infantil corazón, que ya nunca marchó del corazón ni de la memoria». Algunos años después, otro franciscano, Fr. Pacífico de Urbino, animó a Camila a perseverar en el voto que había hecho.

De los 18 a los 21 años transcurrió un trienio de íntimas luchas espirituales, atraída por las realidades del mundo, pero sin jamás renunciar a su Señor sufriente, por amor del cual comenzó a practicar una austera ascesis. Comentando este tiempo de su vida interior, escribiría después con toda convicción: ¡Bienaventurada aquella criatura que por ninguna tentación deja el bien comenzado!

Durante la Cuaresma de 1479, en la iglesia de San Pedro en Muralto, por la predicación de Fr. Francisco de Urbino, la vigilia de la fiesta de la Anunciación, obtuvo la luz interior para comprender el don inestimable de la virginidad consagrada. En la Octava de Pascua, después de la confesión general hecha a Fr. Oliviero de Urbino, obtuvo el don de una profunda purificación.

Así preparada para ser toda de Cristo y vencida la resistencia paterna que duró dos años, el 14 de noviembre de 1481 ingresó en el monasterio de las Clarisas de Urbino, tomando el nombre de sor Bautista, usual en aquel tiempo también para las mujeres. Hacia finales de 1483 emitió la profesión religiosa. En los primeros días de enero de 1484 regresó a Camerino con ocho compañeras y, el domingo 4 de enero, dieron comienzo formal a la nueva comunidad de Hermanas Pobres de Santa Clara, en el monasterio que su padre había adquirido para ella de los monjes Olivetanos.

Se sucedieron los dones extraordinarios del divino Esposo, atestiguados en su autobiografía: iluminaciones interiores, palabras encendidas, éxtasis, visiones de ángeles y santos. Pero sobre todo se le concedió el insaciable deseo de participar de los dolores interiores que el Redentor había probado en su pasión. Alimentando diariamente su meditación en la Sagrada Escritura y en la liturgia, viviendo constantemente en la presencia de Dios, como atestigua su padre espiritual Antonio de Segovia, olivetano, la Santa escribió a lo largo de los años diversos textos de literatura mística, que, por su elevación, fueron apreciados por insignes eclesiásticos y santos como san Felipe Neri.

A la edad de 35 años fue elegida por primera vez abadesa, servicio en el que fue confirmada repetidas veces.

Llegó también para la Santa el tiempo de la prueba. La primera fue la aridez del alma, que duró cinco años, de 1488 a 1493, en la que experimentó el silencio de Aquel que era el único motivo de su vida. El eco de este tormento espiritual está ampliamente contenido en la carta autobiográfica conocida como Vida espiritual. La segunda prueba la hirió en sus sentimientos, primero, por la excomunión de parte del Papa Alejandro VI contra su padre, culpable de haberse resistido a la limitación que quería imponerse al señorío de Camerino; después, por la prisión de su padre y de tres hermanos por parte de César Borgia, que, finalmente, los hizo matar cruelmente el 9 de octubre de 1502. En tan trágica circunstancia, Camila Bautista había buscado en vano refugio en la ciudad de Fermo, encontrando después asilo en Atri, en el reino de Nápoles, junto a Isabel Piccolomini Todeschini, esposa de Mateo de Aguaviva de Aragón.

Tras la muerte de Alejandro VI el 18 de agosto de 1503, la Santa regresó a Camerino, donde el más pequeño de sus hermanos, Juan María, había podido reconstruir el señorío de los Varano.

El 28 de enero de 1505, el Papa Julio II, que la estimaba mucho, la envió a formar una nueva comunidad de clarisas en la ciudad de Fermo, donde permaneció dos años; también modeló la nueva comunidad de clarisas de San Severino Marche en los años 1521-22. Su espíritu de caridad la hizo sierva del prójimo de múltiples maneras: en la formación espiritual de las hermanas; en la redacción del tratado La pureza del corazón, que le había pedido un religioso; en la intercesión a favor de los condenados a muerte y para salvar a la ciudad de Treia de las soldadescas mercenarias. Según el testimonio de una hermana clarisa, en su corazón encontraba lugar toda la Iglesia de Cristo, por la cual oró y sufrió; en efecto, además de los defectos o las carencias de tantos eclesiásticos, la herían las noticias que desde 1517 llegaban de Alemania, donde el monje agustino Martín Lutero propugnaba la separación de la Iglesia romana.

Llegada a la edad de 66 años, de los cuales había pasado 43 en la intimidad del claustro, su ansia de «salir de la cárcel de este cuerpo para estar con Cristo» se apagó el 31 de mayo de 1524. Su muerte aconteció envuelta en el silencio, a causa de la peste, en el monasterio de Camerino, donde reposan sus restos mortales. Benedicto XVI la canonizó el 17 de octubre de 2010, en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
UNA LUZ PARA NUESTRO TIEMPO
Carta del Ministro general OFM
con motivo de la canonización de
Camila Bautista de Varano, Clarisa

Queridos Hermanos y Hermanas: ¡El Señor les dé la paz!

El 19 de febrero de 2009 Benedicto XVI, en el Consistorio público, inscribió en el Catálogo de los Santos a una hermana nuestra, la Clarisa Camila Bautista de Varano. La canonización tendrá lugar en San Pedro el 17 de octubre de 2010.

Con verdadera alegría, desde el monasterio en el que vivió la de Varano y en donde descansa su cuerpo, donde me encuentro con los hermanos del Definitorio para frecuentar por algunos días la escuela de Camila de Varano, deseo comunicarles esta "buena noticia", que pondrá contentas a todas las Clarisas: ¡el carisma clariano es capaz de producir frutos de santidad en toda época! Y esto sucede precisamente en el año 2010, año en que el camino de preparación a la celebración del VIII centenario de los inicios de la vida de santa Clara en San Damián, está dedicado a la contemplación. Una "buena noticia" que llena de orgullo a las Clarisas de Camerino, fieles guardianas del cuerpo de la nueva Santa y de su memoria.

Pero es un hecho que nos involucra también a nosotros los Hermanos Menores. La canonización de la beata Camila Bautista de Varano es la demostración de que la "plantita" del padre san Francisco continúa alegrando su corazón con retoños nuevos y vigorosos. Además, cada etapa del itinerario espiritual de la Beata estuvo acompañada por los Hermanos Menores -Domingo de Leonessa, Pacífico de Urbino y Pedro de Mogliano- figuras excelentes de la "Observancia franciscana", portavoces de aquel fervor de renovación que caracterizó a la Orden franciscana y que terminó por contagiar también a Camila Bautista en su esfuerzo de renovación espiritual, reintroduciendo, en los Monasterios fundados por ella, la Regla de santa Clara.

Por último, la canonización de Camila Bautista de Varano, al término de las celebraciones del VIII centenario de la fundación de la Orden de los Hermanos Menores, nos recuerda que la santidad es el camino fundamental para darle significado a nuestra vocación y misión.

Este no es el momento de centrarse en su vida, en su experiencia humana y espiritual, porque hay abundante literatura al respecto. Esta carta-comunicación mía es sólo para estimular un mayor conocimiento de esta extraordinaria mística, sobre todo a través de la lectura de sus escritos, al menos los más importantes como la Vida espiritual (Autobiografía) y Los dolores mentales de Jesús en su pasión.

BREVES NOTAS BIOGRÁFICAS

Camila de Varano nació en Camerino en 1458 de Julio César de Varano. Fue hija ilegítima, pero amada por su padre y su esposa Juana Malatesta, que fue más que una madre para ella. De sus numerosos escritos se deduce que Camila recibió una sólida educación humanística, con el apoyo de una notable inteligencia, de un carácter fuerte y del deseo de vivir y divertirse.

Después de haber resistido por varios años a la llamada del Señor, el 14 de noviembre de 1481 Camila hizo su ingreso en el Monasterio de las Hermanas Pobres de santa Clara de Urbino, asumiendo el nombre de Bautista. El 4 de enero de 1484 fundó un nuevo Monasterio en Camerino, en el que introdujo la Regla de santa Clara. En 1502, para escapar del asedio de su ciudad de parte de César Borgia, Sor Bautista se refugió en Atri, retornando después a Camerino a inicios de 1504. Después de fundar los monasterios de Clarisas en Fermo (1505-1506) y en San Severino Marche (1521-1522), murió en Camerino el 31 de mayo de 1524.

El 7 de abril de 1843 el Papa Gregorio XVI reconoció su culto público, que se le había atribuido desde muy antiguo, y la declaró beata. El 8 de abril de 1821, León XIII aprobó las actas del Proceso, en vistas a la canonización, y, el 4 de febrero de 1893, sus escritos. El 17 de octubre de 2010 Benedicto XVI la proclamará santa.

UN CORAZÓN EN TENSIÓN

Camila Bautista de Varano vivió radicalmente el ideal evangélico de san Francisco y de santa Clara, pero también estuvo fuertemente marcada por la nueva sensibilidad cultural y espiritual que estaba surgiendo con el Renacimiento, por los trágicos acontecimientos de su familia y de su ciudad, por la trama compleja de la vida de la Orden de los Hermanos Menores y de las Hermanas Pobres de santa Clara. Todos estos acontecimientos marcaron su espíritu, que, dócil a la acción de la gracia divina, dio vida a una experiencia evangélica que repercutió profundamente en el tiempo en que Camila Bautista vivió.

¿Cuál fue el secreto de esta "trasfiguración"? Su vida y su camino de conversión fueron profundamente determinados por el encuentro con el Crucifijo ¿Cómo no reflexionar en el encuentro de san Francisco con el Crucifijo de San Damián? ¿Cómo no aceptar la invitación de santa Clara a contemplar al «más bello entre los hijos de los hombres» que pende de la cruz? Es la misma Camila Bautista la que nos guía a través de sus escritos: «La memoria de la Pasión de Cristo es como un arca de tesoros celestiales, una puerta que permite entrar a saborear al glorioso Jesús, una perfecta maestra de todas las artes espirituales, una fuente inagotable de agua viva, un pozo profundísimo de los secretos de Dios… Quien quiera quedar libre de toda impureza y tener un signo de la gloria y felicidad futuras… busque estas dulces memorias de la Pasión de Cristo, como el apóstol Pablo que constantemente llevaba los estigmas de la Pasión en su cuerpo».

Todo se inició en el lejano 1466 (ó 1468), cuando fray Domingo de Leonessa exhortó a los fieles, durante la predicación del Viernes santo, a hacer memoria de la Pasión de Cristo. Entre los muchos que lo escucharon, se encontraba una niña de 8/10 años, Camila de Varano, que lo tomó muy en serio, hasta el punto de aferrarse a Cristo pobre y crucificado con todo su ser, dejando transfigurar de esta presencia la vida, los dolores, las alegrías, las aspiraciones y las profundas contradicciones de su época y de su Orden.

La santidad de Camila Bautista nos compromete como Hermanas Pobres de Santa Clara, como Hermanos Menores y como mujeres y hombres de nuestro tiempo, porque ella hace visible las tensiones del corazón humano, su difícil camino de conversión y, al mismo tiempo, la fecundidad de la conformación a la cruz de Cristo: en la santidad de esta mujer singular, la luz de la resurrección, de la plenitud del hombre en Cristo, resplandece a través de los siglos.

ACTUALIDAD DE CAMILA BAUTISTA DE VARANO

Camila Bautista se nos revela sobre todo como una mujer capaz de aceptar el desafío de la existencia, encarnando una "pasión por la vida", vivida como una incesante búsqueda de verdad y libertad. No fue pasiva, no asumió simplemente las condiciones familiares o políticas, que hubieran podido aprisionar su existencia. Supo ser protagonista original de su vida, construyendo su humanidad en un dinamismo de libertad que se extendió a la búsqueda de valores auténticos.

En una época caracterizada por el relativismo moral y la superficialidad intelectual, en la que los modelos sociales y mediáticos son tan posesivos y dominantes, necesitamos el ejemplo de un espíritu libre e intrépido que haya sabido vivir con valor su originalidad.

Camila Bautista se presenta ante nuestros ojos como una figura extraordinariamente actual. Vivió en una época sólo aparentemente diversa de la nuestra, caracterizada por luchas y guerras, por dramas y odios, pero también por grandes impulsos humanos, artísticos y espirituales.

En la canonización de la beata Camila Bautista, la Iglesia realiza un gesto profético mediante el cual da a conocer a la humanidad entera, a todos los bautizados y a la familia franciscana, esta figura de mujer verdaderamente evangélica, signo elocuente de conversión realizada, de respuesta coherente al Evangelio y a la vocación a la que todo ser humano está llamado.

UNA LUZ PARA LA HUMANIDAD

¿Qué fue la vida de Camila Bautista sino un incesante, conmovido y apasionado silencio que escucha la Palabra de la cruz que revela la plenitud de la vida y del amor? ¿Qué fue su experiencia sino un continuo sumergirse en el misterio pascual en el que leer y encontrar el propio sufrimiento y descubrirlo habitado, redimido, transfigurado?

Ella quería que su vida fuera un continuo viernes santo. El sentido de este deseo está en el mensaje que Camila Bautista confió a la humanidad entera: en el humano sufrir está escondida la luz y la presencia del Resucitado que transfigura todo dolor y colma toda soledad.

Contemplando la Pasión de Cristo, Camila Bautista contempla la pasión del hombre de todos los tiempos y de cada lugar, descubre e indica a cada uno el sentido, la luz y la fuerza que la humanidad invoca incesantemente.

En nuestra época, marcada por una profunda crisis económica que ha hecho emerger una significativa urgencia ética en el actuar y en el pensar, Camila Bautista señala un camino a seguir: introducir en la historia los valores evangélicos del don y de la gratuidad. El verdadero contemplativo, de hecho, no se sustrae a la responsabilidad de sumergirse en la historia, sino que sabe que ha sido enviado a hacer presente el rostro del Dios contemplado, a través de la restitución de los dones de gracia recibidos.

A la humanidad descarriada a causa de la emergencia educativa, evidenciada por el descontento juvenil y por una pobreza extrema de puntos de referencia, Camila Bautista le indica la urgente necesidad de educadores, maestros y testigos creíbles. Sus escritos nos presentan varias figuras de padres en la fe, sobre todo frailes, que acompañaron y guiaron su camino, y a la vez nos revelan su extraordinaria capacidad pedagógica. Camila Bautista, como madre espiritual y como guía llena de sabiduría, supo hacerse modelo de vida y canal de la gracia, como ella misma refiere: «Es necesario ser "cuenco" antes que "canal". Durante cerca de veinte años, ésta tu madre ha sido "cuenco", es decir, ha tratado de custodiar, de contener la gracia en sí misma; después, como "canal", la ha difundido y escrito a otros».

En esta era de la comunicación de masas, de internet y del desarrollo generalizado de las redes sociales asistimos, casi impotentes, a una extraña paradoja: por una parte, en efecto, emerge una incontenible necesidad de comunicación y de información en tiempo real; por otra parte, se abre camino el creciente temor ante el que es diverso, estigmatizado en la figura del extranjero que toca a nuestras puertas, con el consiguiente levantamiento de fronteras y muros que impiden la acogida y el compartir. En este contexto, Camila Bautista se revela como una maestra de diálogo entendido como necesidad humana, vital y cotidiana. El de Jesucristo contemplado y amado la ha conducido al de los hermanos y de las hermanas haciendo de ella una extraordinaria mujer de relaciones. El diálogo es, en efecto, la trama, el estilo y la categoría predominante de su escribir y de su experiencia mística.

En una sociedad inestable, escéptica respecto al ideal de la fidelidad, capaz de asumir sólo compromisos temporales y condicionados, Camila Bautista nos provoca con su capacidad de tomar decisiones definitivas y radicales en la fuerza del amor y del perdón incondicional. Es una clarisa auténtica, que supo creer en el Amor (1 Jn 4,16).

Esta hija genuina de santa Clara se dejó herir por el amor de Cristo, al cual se donó totalmente con un impulso apasionado y exclusivo, fiel e incondicional, capaz de amar a los enemigos y de afrontar con extraordinaria fortaleza las durísimas pruebas que marcaron su vida.

UNA LUZ PARA LA IGLESIA

Camila Bautista -siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de Clara y Francisco- vivió una fidelidad heroica a la Iglesia, incluso cuando tuvo que afrontar, por ella, sufrimientos muy amargos. Ésta su tenaz obediencia se arraigaba en la conciencia de que la Iglesia es la imagen de Cristo, su cuerpo viviente y su presencia concreta en la historia, dentro de la cual se realiza eficazmente la obra de nuestra salvación. No hubo compromiso o fragilidad humana que lograra distraerla del propósito de vivir esta total pertenencia a la Iglesia: el sufrimiento no la hizo rebelde, sino que, por el contrario, la hizo todavía más fiel en el ofrecer sentidas oraciones y súplicas a Dios por la "renovación de la Iglesia".

También nosotros tenemos necesidad, sobre todo en nuestro tiempo, de descubrir el gusto de esta pertenencia eclesial que genera una fecunda y universal comunión con Cristo.

También por este motivo la canonización presenta a Camila Bautista como un modelo para todos los bautizados y un ejemplo de vida cristiana: su luz procede de la relación perseverante y apasionada con Cristo crucificado, de una martyria que se ha hecho creíble por la pobreza, de una koinonia concretizada en la fraternidad, de una diakonia radicada en la contemplación; una luz autorizada, capaz de orientar todo camino eclesial.

• Eligiendo profesar la Regla de Clara de Asís, Camila Bautista indica a todo cristiano el camino de la pobreza como un camino de testimonio radical, como una auténtica martyria: "Esta sierva de Dios compró cara para sí y para los demás la pobreza y a ella sola le tocó pagar el precio; de modo que le costó a ella más cara la pobreza, que la riqueza a los ricos, y la deseó y buscó más, de cuanto el mundo busca el dinero".

• Viviendo plenamente el carisma franciscano, ella le mostró a la Iglesia el camino de la fraternidad como actuación de la koinonia: una fraternidad que pide la renuncia al poder y al individualismo y llama a un amor gratuito, evangélico, generoso, a una caridad crucificada, semejante a la de la Perfecta alegría de Francisco: "Oh mi Dios clementísimo, si Tú me revelaras todos los secretos de tu Sagrado Corazón y cada día me mostraras todas las jerarquías angélicas, si cada día yo resucitara muertos, no por ello creería que Tú me amas con amor infinito. Pero en cambio, cuando yo sentiré haber obtenido la gracia de un amor perfecto, es decir, de hacer bien a quien me hace mal, de hacerle el bien y alabar a quien habla mal de mí, me ofende y critica, solamente entonces, por este signo infalible, Padre mío clementísimo, creeré ser verdadera hija. Solamente entonces seré conforme a tu amadísimo Hijo Jesucristo crucificado, que es el único bien de mi alma, conforme a Él, oh Padre, que estando en la cruz te imploró por los que lo estaban crucificando".

• Heredera ejemplar de Clara de Asís, Camila nos confía el camino de la contemplación como una real y específica diakonia. La Iglesia entera y todo bautizado, a través de la contemplación, se remonta a su fuente vital y desempeña un ministerio de intercesión: éste es el servicio que Clara y Camila Bautista desarrollaron recordándonos el primado de Dios y la misteriosa fecundidad apostólica de la contemplación, destinada a incidir profundamente en la vida de la Iglesia.

UNA LUZ PARA LA FAMILIA FRANCISCANA

Camila Bautista aparece como una cristiana capaz de vivir con seriedad e intensidad la búsqueda de Dios, arraigándose en la experiencia bíblica. Aunque dotada de una refinada y elevada formación cultural, su manera de leer la Escritura nunca asumió el estilo de una árida erudición. A la luz de la Palabra relee su itinerario vocacional y toda su vida sirviéndose del modelo bíblico: los grandes eventos de la historia de la salvación están en la base de su espiritualidad casi como profecías que se van cumpliendo.

Al acercarnos a sus escritos comprobamos que la liturgia es el lugar privilegiado en el que escucha la Palabra, sacando de ella la luz y la fuerza para cumplir sus decisiones.

"Tú, Señor, por la gracia has nacido en mi alma y me has mostrado el camino y la luz y el esplendor de la verdad para llegar a ti, verdadero paraíso. En las tinieblas y oscuridad del mundo tú me has dado la vista, el oír, el hablar y el caminar -pues en realidad yo era ciega, sorda y muda a todas las cosas espirituales- y me has resucitado en ti, verdadera vida, que das la vida a todo lo que tiene vida".

Camila Bautista nos muestra el camino concreto para observar el santo Evangelio, para ponerlo en práctica y traducirlo en la existencia cotidiana. El voto de derramar todos los viernes una lágrima en memoria de la Pasión de Cristo, voto al que permaneció tenazmente fiel incluso cuando vivió inmersa en la vida de la corte, nos da testimonio de su implicación, de su participación "física" y total en el misterio de Cristo, que se convierte en relación viva y fecunda, según la más genuina espiritualidad franciscana.

En la sociedad actual, que promueve una religiosidad intimista y frágil, reduciendo la fe a una pulsión emotiva y desencarnada, Camila Bautista sugiere a toda la familia franciscana un camino seguro: vivir el evangelio con pasión radical y restituir "amor por amor, sangre por sangre, vida por vida".

Sólo de esa manera podremos ser una presencia significativa en la Iglesia y en la historia.

CONCLUSIÓN

Con el anuncio de esta "buena noticia" no intento simplemente notificar que se añade una nueva Santa al árbol ya lozano del carisma franciscano-clariano, sino que deseo señalar sobre todo la fecundidad de una vida vivida según el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En el desarrollo de la historia y en el constante compromiso por renovarla, en efecto, son precisamente «los santos, guiados por la luz de Dios -decía Benedicto XVI en la Audiencia del 13 de enero de 2010-, los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, saben promover una renovación eclesial estable y profunda, porque ellos mismos están profundamente renovados, están en contacto con la verdadera novedad: la presencia de Dios en el mundo. Esta consoladora realidad, o sea, que en cada generación nacen santos y traen la creatividad de la renovación, acompaña constantemente la historia de la Iglesia en medio de las tristezas y los aspectos negativos de su camino. De hecho, vemos cómo siglo a siglo nacen también las fuerzas de la reforma y de la renovación, porque la novedad de Dios es inexorable y da siempre nueva fuerza para seguir adelante».

Queridos hermanos y hermanas: quisiera dejaros con dos pensamientos de Camila Bautista que me impresionaron especialmente. Comentando las grandes tentaciones que vivió, pudo escribir después con convicción: «¡Bienaventurada aquella criatura que por ninguna tentación deja el bien comenzado!». Por otra parte, habiendo crecido en la espiritualidad de la restitución tan querida por Francisco, Camila oraba: «Haz que yo te restituya amor por amor, sangre por sangre, vida por vida». Todo un ejemplo de fidelidad y perseverancia en el bien, y del vivir en la lógica del don total de sí misma a Aquel que la amó primero.

Hermanos y Hermanas: ¡Seamos santos como Él es santo! La santidad es la vocación más alta a que puede aspirar un hombre, una mujer. La santidad es nuestra vocación.

Vuestro hermano, Ministro y siervo,
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm,
Ministro general OFM
Camerino, 5 de julio de 2010.

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