DIRECTORIO FRANCISCANO
ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

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ABAD, Antolín (1918-2007). Franciscano, sacerdote, historiador. El P. Antolín Abad Pérez nació en Villegas (Burgos, España) el 13 de febrero de 1918. De niño ingresó en el seminario menor franciscano de la Provincia de San Gregorio Magno de Castilla. Hecho el noviciado en Arenas de San Pedro, profesó la Regla de san Francisco en 1934. Los años de la guerra civil de España los pasó en Gálvez (Toledo), acogido por familias del lugar. En 1945 reinició el noviciado y al año siguiente hizo de nuevo la profesión. La carrera eclesiástica la cursó en Pastrana, Ávila y Roma; aquí hizo también, en el Vaticano, estudios de archivística. Recibió la ordenación sacerdotal en 1950.

En su Provincia franciscana ejerció diversos cargos de gobierno y llevó a cabo numerosas tareas en el campo de su especialización como archivero, bibliotecario, investigador, escritor. A ello unía las tareas propias del lugar en que se encontraba: profesor, bibliotecario, penitenciario en Roma, confesor y asistente de religiosas, capellán de hospital, promotor de la Legión de María. Publicó libros y artículos, colaboró en revistas de historia e investigación, participó en congresos, colaboró en obras colectivas. De 1988 a 1997 fue director de la revista Archivo Ibero-Americano. Estuvo de familia en muchos conventos: Pastrana, Toledo, Santi Quaranta (Roma), Madrid... Murió en el convento de San Juan de los Reyes de Toledo el 13 de septiembre de 2007.

Fue un buen franciscano, amante de san Francisco y de su Orden, de las obras, casas y personas de su historia, hombre sencillo y acogedor, de fe profunda y de convicciones firmes, gran comunicador de verbo fácil y fluido, tertuliano asiduo sobre temas de su especialidad: historia, misiones, Extremo Oriente, investigación sobre entidades, casas y personajes de la historia franciscana. En AIA 77 (2007) 753-765, puede verse una reseña biográfica y el elenco de sus publicaciones.


ADINOLFI, Marco (1919-2005). Franciscano, especialista en S. Escritura y en autores clásicos griegos y romanos. El P. Marco Adinolfi nació en Angri (Salerno, Italia) el 10-VI-1919. Terminado el noviciado, hizo la profesión el 13-X-1935 en la provincia franciscana Salernitano-Lucana. Se ordenó de sacerdote el 9-VIII-1942. Destinado a cursar estudios superiores en el Antonianum de Roma, a causa de la guerra no pudo incorporarse al mismo hasta septiembre de 1944. Se inscribió en la facultad de teología, sección de S. Escritura, y en marzo de 1958 defendió la correspondiente tesis doctoral: Deipara Virgo María in Lyrani postillis super VT. Antes se había inscrito en el Instituto Bíblico de Roma, en el que obtuvo la licenciatura en S. Escritura el año 1949. Ejerció la docencia en su Provincia, fue miembro del consejo de redacción de Rivista Biblica (desde 1961), consultor de la Pontificia Comisión para la Nueva-Vulgata (1967), miembro de la Comisión nacional del Nuevo Catecismo italiano (1967).

El Ministro general de la Orden, P. Sépinski, lo destinó, el 30-VII-1962, a la enseñanza en el Pontificio Ateneo Antoniano, y estuvo de 1962 a 1967 en el Estudio Bíblico de Jerusalén, y de 1967 a 1995 en Roma como profesor de S. Escritura. Después pasó al servicio de la Custodia de Tierra Santa como director del Centro de Prensa y Propaganda, en Milán. En septiembre de 2004 volvió a su Provincia y lo destinaron al convento de Cava dei Tirreni (Salerno), donde desarrolló un intenso y fructífero apostolado, sin dejar de investigar y escribir, y donde murió el 29 de agosto de 2005. Fue un estudioso apasionado de la S. Escritura, que profundizó en su inteligencia con su conocimiento de los autores griegos y latinos y de la patrística. Supo armonizar su amplia y profunda cultura con una admirable simplicidad y cordialidad que le ganaba la estima de todos. En su docencia e investigación buscaba la evangelización de la cultura y de su contexto vital. Siempre le preocupó la promoción cultural y cristiana de los laicos, y de modo especial la bíblica. Fue animador de grupos bíblicos en toda Italia; dio cursos bíblicos periódicos y dirigió numerosos ejercicios espirituales en los que seguía las huellas del Evangelio y de los viajes de san Pablo. En cuanto a su actividad de escritor, véase E. Galbiati, Bio-bibliografía di Marco Adinolfi, en Antonianum 75 (2000) 215-234, que recoge casi 200 publicaciones, que siguen estas líneas: historia e historiografía, temas de cristología, María de Nazaret, los Doce y san Pablo, el sacerdocio común, el feminismo en la Biblia, helenismo y Biblia. [Cf. Acta OFM, 2005, 281-283].

AGÍA (o de Axia), Miguel ( después de 1604). Franciscano de mucha virtud, notable jurisconsulto, de amplia cultura e indudable vocación para los trabajos de carácter científico. Nació en Valencia (España) avanzado el siglo XVI y, vestido el hábito de la Orden franciscana en su patria, se dedicó a la enseñanza de la filosofía. Deseoso de trabajar en la difusión de la fe, en 1563 pasó a Nueva España y se incorporó a la provincia franciscana del Santísimo Nombre de Jesús. Primero trabajó con celo en la evangelización de los indígenas y luego ocupó una cátedra de teología en el convento de Guatemala. Sus actividades aquí y en todo el Virreinato de México fueron tan grandes y singulares que gozó de buen predicamento ante los gobernantes y las personas más distinguidas del país; repetidas veces fue elegido guardián y definidor. A finales del siglo XVI viajó a España por asuntos y negocios de aquellas misiones y, con esta ocasión, publicó en Madrid (1600) su tratado sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado que lleva este título: De exhibendis auxiliis sive de invocatione utriusque brachii tractatus (Madrid 1600); el autor se sitúa obviamente en la línea teocrática tradicional proclamando la superioridad del poder espiritual sobre el temporal aun en los casos mixtos; desde ese punto de vista expone con claridad y precisión la competencia de ambos poderes.

Todavía en el mismo año, o tal vez en 1601, el P. Miguel Agía regresó a las Indias en compañía del nuevo comisario general del Perú, fray Juan Venido, del que fue secretario. Ambos visitaron las provincias y custodias de los Reinos del Perú y Tierra Firme, desde Cartagena de Indias hasta Lima, atravesando las Audiencias de Nueva Granada y de San Francisco de Quito. Finalmente, en 1604, que es la última fecha que conocemos de su vida, fijó su residencia en Lima, donde enseñó teología en el convento de San Francisco. Respondiendo a las consultas del Virrey D. Luis de Velasco, sobre la aplicación de la Real Cédula de Felipe III de fecha 24-XI-1601, que trataba de regular con justicia y equidad el trabajo de los indios y su retribución, escribió su tratado Tres pareceres graves en derecho, publicado en Lima en 1604, y reeditado en Sevilla en 1946 con el título de Servidumbres personales de indios. El P. Agía rectifica conclusiones expresadas por él con anterioridad. Justifica la real cédula, en cuanto que ve en ella una medida eficaz para desterrar toda injusticia en el trabajo de los nativos, y, en cuanto a sus aplicaciones, admite la licitud de las servidumbres personales, siempre y cuando no vayan contra el derecho natural, la caridad cristiana y el bien común de la sociedad. Agía termina su tercer parecer formulando con implacable firmeza el cierre inmediato de las minas de Guancavelica, por la explotación de los nativos que allí observó.


ÁGREDA, María de Jesús de (1602-1665). Concepcionista. Escritora mística.


AGULLÓ (o Agullona), Margarita (1536-1600). Nació en Játiva (Valencia) y fue exponente de la espiritualidad de la Contrarreforma. Coincidió su vida con la restauración católica protagonizada por el arzobispo san Juan de Ribera. Rechazando las oportunidades que se le presentaban para contraer matrimonio, a los veinte años hizo voto perpetuo de castidad, e ingresó en la Tercera Orden de San Francisco de Asís, dedicándose a una intensa vida de mortificación y virtud. A la muerte de sus padres pasó a vivir a Valencia, donde se dedicó a la práctica de la penitencia y oración, quedando frecuentemente arrobada en éxtasis. Pidió al Señor que le concediese la gracia de sentir en su cuerpo el dolor de las heridas de los clavos, y cada miércoles el de la corona de espinas, gracias que le fueron concedidas. Durante 25 años el mismo san Juan de Ribera examinó su espíritu. Y a instancia suya calificaron su espíritu Rodrigo de Solís, insigne reformador de los agustinos de la Provincia de Aragón, fray Luis de Granada, el beato Nicolás Factor y san Luis Bertrán. Tuvo por confesor al franciscano Jaime Sanchis, que lo fue también de san Juan de Ribera, quien le mandó que escribiese la vida de Margarita Agulló.

En esta obra expone los elogiosos juicios que sobre ella emitieron los religiosos anteriormente aludidos. El mismo san Juan de Ribera quiso prologarla. Tuvo revelación anticipada del día y hora de su muerte, teniendo poco antes de morir la visita de la Virgen y de los santos Francisco de Asís, Vicente Ferrer, Luis Bertrán, y el beato Nicolás Factor. Su santa muerte acaeció el 9 de diciembre de 1600 a los 64 años de edad. San Juan de Ribera, que estuvo presente, ordenó que su cadáver se enterrase en la iglesia del convento de la Sangre de Cristo de los capuchinos. Y al concluirse las obras de la iglesia del colegio de Corpus Christi mandó, en febrero de 1605, que se trasladase el cuerpo de la venerable que se encontraba incorrupto. En el mismo colegio-seminario de Corpus Christi se encuentran varios retratos suyos pintados por Francisco Ribalta. Escribió algunos opúsculos espirituales y se conservan varias cartas que escribió a san Juan de Ribera. [A. Llin].


ALEJANDRO V (1340?-1410). Véase: CANDÍA, Pedro de.


ALVA Y ASTORGA, Pedro de (1601-1667). Nació hacia 1601-1602 en Carbajales (Zamora). A la edad de unos ocho años fue llevado al Perú y naturalizado en el Cuzco, lo que explica que muchos autores posteriores considerasen esta ciudad como el lugar de su nacimiento. Frecuentó el colegio de San Antón, que era el seminario del obispado del Cuzco. Hacia 1621, mientras seguía los estudios teológicos en el colegio de San Martín, en Lima, ingresó en la Provincia franciscana de los Doce Apóstoles del Perú. Ordenado de sacerdote, ejerció a la vez la enseñanza, la predicación y diversos cargos de gobierno. En 1641 era ya lector jubilado. Por esa fecha o un poco antes vino a España como procurador de su provincia; concluía así su estancia en las Indias. Como custodio de su provincia participó de vocal en el capítulo general de Toledo en 1645 y en la congregación general celebrada en la misma ciudad en 1648.

Pedro de Alva y Astorga pasó a Roma en 1650 como procurador de la Causa de beatificación del misionero americano Francisco Solano; en 1654 fue nombrado procurador general de la Orden; a los pocos meses, renunció a este cargo y regresó a España; hacia 1661 ó 1662 se trasladó a los Países Bajos y montó una imprenta en Lovaina para editar sus propias obras; ésta dejó de crujir sólo cuando fray Pedro dejó de existir en 1667. Este franciscano zamorano fue un portento de actividad. Su nombre quedó unido a la acalorada controversia sobre la Inmaculada Concepción, a la que van dedicadas muchas de sus obras, en las que, fiel a la tradición de su Orden y como gran mariólogo, defiende el singular privilegio de María. He aquí algunas: Bibliotheca Virginalis, 2 vols. (Madrid 1648); Armamentarium Seraphicum et Regestum universale pro tuendo titulo Immaculatae Conceptionis (Madrid 1649); Sol Veritatis (Madrid 1650); Militia Immaculatae Conceptionis (Lovaina 1663); Monumenta antiqua Immaculatae Conceptionis (Lovaina 1664); Monumenta antiqua seraphica pro Immaculata Conceptione (Lovaina 1665).- [I. Vázquez, BAC maior 37].


ALVERNA (La Verna). Monte de la Toscana italiana al que san Francisco se retiraba a orar y en el que recibió la impresión de las Llagas de Cristo. Varias páginas sobre el Santuario y sus alrededores.


AMIGÓ, Luis (1854-1934). Capuchino, obispo, fundador. Mons. Luis Amigó Ferrer nació el 17 de octubre de 1854 en Massamagrell (Valencia, España). En 1866 comenzó los estudios eclesiásticos en el seminario. Inició su apostolado por los pueblos y, afiliado a diversas asociaciones católicas que promovían el trabajo apostólico con los marginados, mostró ya entonces preferencia por el apostolado entre los encarcelados. El 12 de abril de 1874, por estar cerrados los conventos en España desde 1835, ingresó en el noviciado capuchino de Bayona (Francia), donde profesó al año siguiente. En marzo de 1877, después de la exclaustración y a punto de terminar él los estudios eclesiásticos, formó parte del primer grupo de restauradores de la Orden capuchina de España en el convento de Antequera (Málaga), del que pasó al de Montehano (Santander). El 29 de marzo de 1879 recibió la ordenación sacerdotal en Santander. Misionero popular, ejerció su apostolado por los pueblecitos de la montaña y en la cárcel de Santoña (El Dueso). El impacto que le causó la situación de la población carcelaria juvenil lo convirtieron en apóstol de la juventud extraviada.

Volvió a Valencia en 1881 y permaneció en el convento de Massamagrell hasta finales de 1889. Estableció la Orden Tercera en infinidad de pueblos de la provincia. El progreso creciente de la misma y el deseo de mayor perfección de sus miembros, le llevó a fundar en 1885 la congregación de Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia y en 1889 la de Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, dedicadas a «curar a los heridos, vendar a los quebrantados y volver al recto camino a los extraviados». El 16 de diciembre de 1898 fue nombrado ministro provincial de la recién restaurada Provincia capuchina de la Preciosísima Sangre de Cristo, de Valencia. El 18 de abril de 1907 fue nombrado Administrador apostólico de Solsona (Lérida) y el 18 de julio de 1913 obispo de Segorbe, en cuya sede permaneció hasta su muerte, acaecida el 1 de octubre de 1934.

Religioso de una acendrada piedad y profunda armonía espiritual, compaginó admirablemente sus facetas de capuchino, fundador y obispo. El carisma que, dentro del espíritu franciscano y capuchino, vivió él y que les infundió a sus religiosos y religiosas lo resumen las palabras que les dejó como testamento: «Vosotros, zagales del Buen Pastor, sois los que debéis ir en pos de la oveja descarriada hasta devolverla al aprisco. Y no temáis perecer...». Hoy sus congregaciones ejercen su misión en 26 naciones y el campo principal de su apostolado sigue siendo la protección o la recuperación de la niñez y juventud en situación de riesgo o con desajustes de conducta. La causa de su beatificación y canonización se introdujo en 1950.- Más información:
http://www.terciariascapuchinas.org/ y http://www.amigonianos.org/.


ÁNGELES, Juan de los (1536-1609). Franciscano, escritor místico.


ÁNGELUS, El. Devoción mariana de origen franciscano, que consistente en el rezo u oración en honor de la Anunciación a la Virgen y del misterio de la Encarnación.


ANTONELLI, Ferdinando Giuseppe (1896-1993). Franciscano, cardenal. El P. Ferdinando Giuseppe Antonelli nació en Subbiano (Arezzo, Italia) el 14-VII-1896. Vistió el hábito de san Francisco en el Alverna el 25-VII-1914. Recibió la ordenación sacerdotal en 1922, y al año siguiente fue enviado a Roma para continuar los estudios superiores de historia eclesiástica en el Colegio internacional de San Antonio; estudió también paleografía y diplomática en la Escuela del Archivo secreto vaticano y se doctoró en el Pontificio Instituto de arqueología. Al ser erigido el Colegio de San Antonio en Ateneo Pontificio, fue profesor de historia de la Iglesia antigua (1928-1939) y de arqueología cristiana (1933-1936) en ese centro, y de liturgia en el Instituto apostólico del mismo Ateneo. En 1930 fue llamado a prestar sus servicios en la S. Congregación de ritos como vice-relator de la sección histórica; en 1935 fue nombrado relator general; en 1936, socio correspondiente de la Pontificia Academia Romana de arqueología. Fue nombrado rector magnífico del Ateneo Antonianum en 1937, cargo para el que fue reelegido varias veces. En 1939 fue elegido definidor general de la Orden. En 1943 fue nombrado consultor de la S. Congregación de ceremonias y miembro de la comisión para los estudios de los religiosos, de la que pasó a ser comisario en 1952; en 1956 fue nombrado consultor de la S. Congregación de religiosos. Signo de la dedicación a determinadas instituciones franciscanas es la larga serie de prefacios que escribió para los Cuadernos de espiritualidad franciscana, iniciados bajo su dirección en 1961. En 1954 fue elegido miembro de la Comisión de Ciencias históricas de la Santa Sede. El P. Antonelli dedicó gran atención a la intuición de su gran amigo y hermano el P. Agustín Gemelli: la fundación de la Universidad católica del Sagrado Corazón, de Milán. El P. Gemelli tuvo en el P. Antonelli un colaborador excepcional. A la muerte del P. Gemelli en 1959, el P. Antonelli fue nombrado por la S. Congregación para los religiosos asistente general del instituto secular de los Misioneros de la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo. El aspecto más destacado de su múltiple actividad a lo largo de su vida fue el servicio incondicional que prestó en la Curia romana, durante largos años. Juan XXIII lo nombró promotor general de la fe de la S. Congregación de ritos en 1959. Fue perito del concilio Vaticano II y secretario de la comisión conciliar para la Sagrada liturgia; en 1964 Pablo VI lo llamó a formar parte del Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia y en 1965 lo nombró secretario de la S. Congregación de ritos; lo nombró arzobispo titular de Idicra en 1966. Dividida la S. Congregación de ritos en dos dicasterios: para el Culto divino y para las Causas de los santos, Mons. Antonelli fue nombrado secretario de esta última. Pablo VI lo creó cardenal en 1973. Murió en Roma el 12-VII-1993, y fue enterrado en la capilla La Pietà del monte Alverna. [Cf. L'Oss. Rom., ed. esp., del 16-07-93].


AQUASPARTA, Mateo de (hacia 1240-1302). Franciscano, maestro y escritor, general de su Orden, cardenal y legado pontificio. Mateo nació en Aquasparta, diócesis de Todi (Umbría, Italia) hacia el año 1240. Tomó el hábito de san Francisco en Todi hacia 1260. Estudió en Todi y en París, donde obtuvo el grado de maestro en teología bajo la guía de los franciscanos J. Peckham y Guillermo de la Mare. No llegó a ser discípulo de san Buenaventura, porque éste, en 1257, había sido elegido general de la Orden, pero fue muy grande la influencia del Seráfico Doctor en su pensamiento. Enseñó en París (1275-1276) y luego en Bolonia, sucediendo después a J. Peckham como lector del Sacro Palacio en Roma (1279-1287). En el Capítulo de Montpellier, celebrado en 1287, Mateo fue elegido Ministro general; pero muy pronto el también franciscano Nicolás IV lo quitó de ese cargo al nombrarlo cardenal en 1288. Después lo nombró obispo-cardenal de Porto y Rufina y penitenciario mayor. Dentro de la obra de pacificación de reinos y de ciudades en que estuvieron empeñados los pontífices, Mateo apoyó al Papa de palabra y por escrito, y Bonifacio VIII le encomendó en 1300 importantes legaciones en Lombardía, Romaña y Toscana; a pesar de su carácter bondadoso y conciliador, su habilidad y su prudencia, mucho tuvo que sufrir por los enfrentamientos de güelfos y gibelinos, sin lograr siempre sus objetivos. Murió en Roma a finales de octubre de 1302 y fue enterrado en la iglesia de "Ara Coeli".

Mateo de Aquasparta escribió Comentarios a las Sentencias, Cuestiones disputadas, y quodlibetales, De cognitione, De anima separata, De fide, etc. Escribió también una Introducción general a la Sagrada Escritura, sobre Cristo, etc. Doctrinalmente se opone al tomismo, aunque sin animosidad, defendiendo y secundando abiertamente el pensamiento bonaventuriano y las tesis de san Agustín, al que considera como «el Doctor principal, a quien los doctores católicos, y principalmente los teólogos, deben seguir». [Cf. J. A. Merino, BAC-525].

Filósofo, teólogo y canonista, Mateo fue un polemista sereno y conciliador, de amplia visión intelectual, que expone y justifica el pensamiento franciscano, reconduciéndolo a su fuente fundamental, san Agustín, del que tiene un conocimiento directo y profundo. Su defensa del pensamiento bonaventuriano y su crítica del tomismo manifiestan un pensamiento maduro, consciente de sí mismo, expresado en un lenguaje claro y preciso. Orienta la filosofía a la teología en el sentido de que la ciencia no es tal si no encamina al sujeto al mundo sobrenatural divino, donde se alcanza el fin último de la realidad. La ciencia teológica integra la contingencia, ofreciendo una visión global de la verdad. Razón y fe se dan la mano, de manera que su crecimiento es común en el sujeto intelectivo. Así, la teología es la sabiduría que conduce al sujeto a la perfección desde la dimensión intelectiva y amorosa, y no exclusivamente desde la pura razón. [Cf. F. M. Fresneda]


ARBIOL Y DÍEZ, Antonio (1651-1726). Franciscano, profesor de filosofía y teología, director espiritual, predicador y escritor de temas ascéticos. Nació en Torrellas (Zaragoza) en 1651, de un linaje distinguido. Avanzado el siglo XVII profesó en la Provincia franciscana de Aragón, en la que, terminados los estudios, ejerció numerosos cargos: lector de teología, guardián del convento de Santa María de Jesús de Zaragoza, custodio de su Provincia y provincial de la misma. Además, fue Visitador de las provincias de Burgos y de Valencia, y de los conventos de Canarias. Aprovechó su estancia en Logroño para consultar los originales de la Mística ciudad de Dios de la madre Ágreda, de la que fue decidido defensor. Fuera de la Orden tuvo, entre otros, los oficios de Calificador de la santa Inquisición de Aragón y Examinador Sinodal del Arzobispado de Zaragoza. En 1720 Felipe V lo presentó para el obispado de Ciudad Rodrigo, dignidad que rehusó humildemente el P. Arbiol. Religioso devoto, docto y mortificado, célebre en la predicación, en el consejo, en la dirección de almas, en el consuelo y beneficio de toda suerte de gentes, murió en el convento de San Francisco de Zaragoza el 31 de enero de 1726.

El P. Antonio Arbiol es autor de numerosas obras, reimpresas con frecuencia en su tiempo y hasta comienzos el siglo XIX. Dejando los sermonarios, devocionarios y otros escritos, indicamos: Manuale sacerdotum, Zaragoza 1693. La Venerable y esclarecida Orden Tercera de San Francisco, Zaragoza 1697. Marianum certamen parisiense, Zaragoza 1698; en defensa de la Madre Ágreda. Selectae disputationes scholasticae et dogmaticae, Zaragoza 1702. Desengaños místicos, Zaragoza 1706; en los tres primeros libros expone los errores a que están expuestas las almas consagradas a la oración mental; en el cuarto, un esquema de la teología mística, y en el quinto, la primera lista de errores importantes condenados por la Iglesia en materia de espiritualidad. Combate el falso misticismo de los alumbrados y de Molinos, desde las proposiciones condenadas por el Santo Oficio más que desde las obras originales. La familia regulada, Zaragoza 1713; para los hogares cristianos. El cristiano reformado, Zaragoza 1714; sobre los ejercicios y devociones de la Tercera Orden. La religiosa instruida, Zaragoza 1717. España feliz, Zaragoza 1718; sobre la Virgen del Pilar. Mística fundamental de Cristo N. S., explicada por... S. Juan de la Cruz, Zaragoza 1723. Vocación eclesiástica, Zaragoza 1725. Estragos de la lujuria y sus remedios, Zaragoza 1726; obra póstuma.


ARÉVALO Y TORRES, Sebastián (1619-1704). Franciscano, obispo. Fray Sebastián de Arévalo y Torres nació en Nava de Coca (Segovia), llamada desde 1773 Nava de la Asunción, el 31 de octubre de 1619. En 1623 murió su madre y en 1628 su padre. Al quedar huérfano ingresó en el convento de San Francisco de Segovia, perteneciente a los franciscanos observantes, donde estudió latín y otras materias. En 1634 vistió el hábito franciscano. Los superiores, teniendo en cuenta sus dotes intelectuales, lo enviaron a completar estudios a la Universidad de Alcalá; en 1647, superadas las pruebas que se requerían, ingresó en su Colegio de San Pedro y San Pablo, fundado por el Card. Cisneros. Desde finales de 1648 estuvo dedicado a la docencia en los conventos de su Provincia de la Concepción: Ávila, Segovia, Valladolid, etc. Entre los suyos desempañó varios cargos y, además, fue calificador del Santo Oficio y de la Suprema y General Inquisición, confesor y predicador real.

Siendo confesor de las Descalzas Reales de Madrid, el papa Clemente X, el 16 de mayo de 1672, lo nombró obispo de Mondoñedo (Lugo); el acontecimiento más relevante de su gobierno aquí fue el Sínodo celebrado en mayo 1679. El 20 de abril de 1682 fue trasladado a la diócesis de Osma (Soria). En esta diócesis desarrolló una intensa labor pastoral, en la que destacaron de modo especial las innumerables limosnas y obras benéficas en las que invirtió todas sus rentas, hasta quedar en pobreza total; entre éstas sobresale el hospital de San Agustín de El Burgo de Osma, costeado totalmente por él. Murió en la sede de su obispado, El Burgo de Osma, pobre como buen hijo de san Francisco, el 20 de enero de 1704. [Cf. AIA 60 (2000) 337-381].


ARNS, Juan Crisóstomo (1915-2002). Franciscano, profesor y educador. El P. Juan Crisóstomo Arns nació el 21 de marzo de 1915 en Forquilhinha (Santa Catarina, Brasil). Era el hermano mayor de Dom Paulo Evaristo Arns, cardenal y arzobispo emérito de Sao Paulo; tenían otras dos hermanas religiosas. Juan Crisóstomo ingresó en la Orden franciscana, en la provincia de la Inmaculada Concepción, el 19-XII-1932, hizo la profesión religiosa el 20-XII-1933, estudió la carrera eclesiástica en Curitiba y Petrópolis, y recibió la ordenación sacerdotal el 27-XI-1938. Fue guardián y párroco en Campos do Jordao, profesor y orientador educacional en los colegios de Blumenau y Lages. Se licenció y doctoró en letras anglo-germánicas en la Universidad Federal de Paraná. También estudió en el Holy Name College, de Washington, y en la Universidad de Carolina del Norte. De 1953 a 1990 dirigió la Asociación Franciscana de la Enseñanza el Buen Jesús, en Curitiba. Fue profesor-fundador de la Universidad Católica de Paraná. Profesor titular de la cátedra de literatura norteamericana y jefe del departamento de letras anglo-germánicas en la Universidad Federal de Paraná. También, presidente del sindicato de los establecimientos privados de la enseñanza del estado de Paraná. Además, fundador y director (1982-2000) de la Escuela Ecológica el Buen Jesús de Aldeia. Murió en Curitiba el 6 de diciembre de 2002. [Cf. Acta OFM, 2002, 393].


ARRIETA, Francisco de Sales (1768-1843). Franciscano, arzobispo. El P. Francisco de Sales Arrieta nació en Lima el 29 de enero de 1768. A los 16 años vistió el hábito franciscano en Lima. Ya durante la carrera eclesiástica destacó por su capacidad intelectual. Recibió la ordenación sacerdotal en Lima a finales de 1791. Pronto fue catedrático de vísperas de teología en la limeña Universidad de San Marcos. Cuando murió el P. Juan de Marimón, le sucedió en la dirección de la Casa de Ejercicios Espirituales de los Descalzos de Lima (1813-1817), y reedificó más tarde la Casa de Ejercicios del convento de San Francisco, demostrando muy buen gusto en esta obra monumental y llena de obras de arte. En 1817 fue nombrado visitador del convento de Ocopa y, luego, de las casas franciscanas de Lima. Elegido por el Congreso de Huancayo arzobispo de Lima, recibió la consagración episcopal el 24 de enero de 1841. Al año siguiente publicó un edicto sobre la educación cristiana de la juventud. Murió el 4 de mayo de 1843.


ASHTA, Robert (1918-1998). Franciscano, obispo de Pult, Púlati (Albania). Mons. Robert Ashta nació en Shkodër (Albania) el 22-VIII-1918. Vistió el hábito franciscano el 13-VII-1934 en Troshan, donde hizo el noviciado. Tras su profesión temporal el 24-VIII-1935, prosiguió sus estudios en Shkodër. De 1939 a 1941 residió en Siena (Italia), donde continuó los estudios filosófico-teológicos, que prosiguió en Motta di Livenza (Treviso), y aquí recibió la ordenación sacerdotal el 2-VII-1942. Cuando regresó a Albania lo enviaron a trabajar en algunas de las parroquias más difíciles de las montañas de Dukagjin y Mirdita: Curraj y Epër (1944-1946), y en Baz-Bushkash y Lurë (1946-1947).

El gobierno comunista, al poco de llegar al poder, interrumpió el servicio pastoral de Fr. Roberto, llamándolo al servicio militar (1947-1950), aunque ya le había pasado la edad legal para ello; lo sometieron a toda clase de sufrimientos y humillaciones. A continuación regresó a Baz-Bushkash y Lurë, en Mirdita (1950-1955). De 1955 a 1967 fue párroco de Vukël y Selcë. Ejerció el ministerio en condiciones muy pobres y precarias, y en un contexto de enemistad mortal hacia Iglesia. El régimen de Enver Hoxha lo tuvo condenado, de 1967 a 1985, a trabajos forzados en la construcción de las centrales hidroeléctricas de Laç Vau i Dejes y Koman. Ni siquiera entonces dejó de ejercer su ministerio sacerdotal: bautizaba, confesaba, atendía a los enfermos y moribundos, bendecía los matrimonios cristianos, enseñaba el catecismo..., con gran riesgo para su vida y la vida de los cristianos.

Al recobrar Albania la libertad, trabajó activamente en la reapertura de iglesias y en la reconstrucción de las comunidades cristianas. El 18-XI-1990 celebró la primera santa misa en público en Bajzë y desde el 10-I-1992 fue párroco de Laç, a la vez que atendía también Ribik, Bax-Bushkash y Lurë. Pidió y recibió ayuda extranjera para edificar iglesias y para mantener las estructuras más elementales de la pastoral. En esta última etapa de su vida, a los 75 años de edad, fue llamado al episcopado. Juan Pablo II, el 25-IV-1993, durante su histórica visita a Albania, lo consagró obispo de Pult, Púlati. Como en los años de la juventud, Mons. Ashta siguió volcado en su misión apostólica por las montañas, sin reparar en fatigas y permaneciendo cerca de las gentes sencillas y humildes de los pueblecitos, escasos en recursos y con malas comunicaciones. El día de pascua de 1998 celebró la resurrección del Señor en dos pueblos de su diócesis situados en las montañas del norte de Albania; por la tarde lo llamaron para que administrara los últimos sacramentos a un moribundo, y mientras iba a pie a un pueblecito, Dushkash, distante una hora de camino, le falló el corazón y le sobrevino la muerte; era el 12 de abril de 1998. [Cf. Acta OFM, 1998, 160ss].


ASÍS. Patria de san Francisco y de santa Clara. Varias páginas sobre la Ciudad y sus Santuarios.


AUGSBURGO, David de (1200?-1272). Franciscano, sacerdote, místico alemán nacido en Augsburgo (Baviera) a principios del siglo XIII, y fallecido allí mismo el 15 de noviembre de 1272. Ingresó en la Orden franciscana en Ratisbona. Fervoroso apóstol y predicador también en lengua vulgar, amigo y compañero de Bertoldo de Ratisbona, lector de teología en el convento de Ratisbona, maestro de novicios y escritor de obras de mística y de pedagogía religiosa, es uno de los principales autores espirituales del s. XIII. Escribió tanto en latín como en alemán. Durante mucho tiempo, sus obras latinas fueron atribuidas a otros como san Bernardo y san Buenaventura.

David de Augsburgo, en sus años de maestro de novicios en Ratisbona, escribió su obra principal: De exterioris et interioris hominis compositione secundum triplicem statum incipientium, proficientium et perfectorum, libri tres (Quaracchi 1899). «El libro estaba dedicado al que después sería famoso predicador Bertoldo de Ratisbona y a sus compañeros de noviciado. Con un lenguaje lleno de belleza y de equilibrio, no menos que de experiencia, traza primero el perfil religioso del novicio en su compostura externa, al relacionarse con sus superiores y con sus hermanos, en el coro, en la mesa, en el dormitorio, en el trabajo, en la recepción de los sacramentos, en las salidas de casa...; y después trata del proceso de robustecimiento del hombre interior mediante la lucha ascética, la imitación de Cristo, el cultivo de las virtudes y la ascensión en el camino de la oración hasta la altura de la contemplación mística. Aunque inspirado en escritores anteriores, especialmente en san Bernardo, respira una atmósfera genuinamente franciscana. Tuvo enorme difusión dentro y fuera de la Orden» (L. Iriarte). Fue uno de los libros más leídos antes de la Imitación de Cristo, y ejerció una notable influencia en los autores de la devotio moderna, como Tomás de Kempis, Radewijns, Mombaer, etc., en cuyas obras aparecen reminiscencias, frases y hasta párrafos enteros copiados sin citar su procedencia. Durante mucho tiempo esta obra fue considerada como el manual ascético del novicio franciscano.

«El mismo David, considerado como el primer místico de lengua germánica, escribió en claro y hermoso alemán diversas obras como: El espejo de la virtud, Las cuatro alas de la contemplación espiritual, De la visión de Dios, Del conocimiento de la verdad, De la insondable plenitud de Dios» (Villoslada). «Los tratados alemanes de David son un preclaro ejemplo de prosa alemana y le aseguran un lugar permanente en la historia de su literatura. Atraen el corazón y el espíritu del lector a la belleza y a la divinidad. Apartan la mente del vicio y del error con la más convincente elocuencia y la vuelven hacia el amor de Dios. En esos escritos, así como en el tratado para los novicios, David es siempre un místico circunspecto, enemigo de los éxtasis fantásticos y de la exageración. Un sobrio sentido común preside sus profundas y, al mismo tiempo, amenas exposiciones, que no tienen nada en común con las divagaciones de los místicos alemanes del siglo XIV, aunque la influencia de David en autores posteriores es innegable» (M. Bihl).


AURÉOLO, Pedro (1280?-1322). Hay muchas grafías del nombre de este filósofo y teólogo franciscano, doctor facundus: Aureolus, Auriolus, Ariolus, Auriol, Oriolus, Oriol, D'Aureole, D'Oriol, etc. Nació en Gourdon (Aquitania) hacia 1280, sin que se pueda precisar más el año. Hacia 1304 estudió en París, donde probablemente fue discípulo de Escoto, aunque se desconocen las relaciones que pudo tener con el Doctor Sutil, al que se opone en no pocas tesis. Enseñó como lector en los estudios generales de Bolonia (1312) y Tolosa (1314). En 1316 volvió a París, donde consiguió el bachillerato y el doctorado en teología, y enseñó en el Centro de la Orden (1318-1319). Al año siguiente le hacen provincial de Aquitania. Nombrado arzobispo de Aix-en-Provence en 1321, muere en Aviñón en enero del siguiente año.

Pedro Auréolo escribió numerosas obras entre las que cabe destacar: Tractatus de principiis naturae; Comentario a las Sentencias, publicado en dos ediciones y que es su obra maestra; Tractatus de conceptione B. Mariae Virginis, en el que se muestra defensor decidido de la Inmaculada Concepción; etc.

Es un autor de gran personalidad y de espíritu independiente, que polemiza con casi todos los autores de su tiempo, incluidos Tomás de Aquino y el mismo Escoto. Sus maestros preferidos son san Agustín y Aristóteles, a los que también critica. Incluso alaba y censura, al mismo tiempo, a Averroes. Su pensamiento no puede ser clasificado con la etiqueta de una escuela concreta. Se anticipa a Occam en no pocas tesis.

Auréolo parte del principio firme e insoslayable de que todo ser existente es siempre un ser individual, y que no existe ningún universal fuera de la mente, lo que no impide que Dios pueda crear individuos que pertenezcan a la misma especie. El concepto es una realidad puramente mental, es el representante mental de la cosa conocida. Auréolo merece ser definido como un conceptualista y de ningún modo como nominalista. Va tanto contra el realismo moderado de los tomistas como contra las formalidades escotistas.

Para este franciscano, la persona humana goza de la prerrogativa de la autodeterminación. El hombre es libre y no puede ser mediatizado ni impedido en su libertad ni por agentes materiales ni por cuerpos celestes. Dios conoce los actos libres futuros y todos los acontecimientos, pero no como presentes sino de un modo que prescinde de las categorías temporales del pasado, del presente y del futuro. El poder y la libertad divinas son absolutos y no están sometidos a ninguna ley. [Cf. J. A. Merino, BAC-525].


AUXILIARES DE LAS MISIONES FRANCISCANAS. Pía Unión de derecho diocesano desde 1958, fundada en Barcelona el año 1946 por el P. Andrés Berengueres, franciscano, que nació en Prats de Llusanés (Barcelona) el año 1896 y murió en Barcelona en 1978. Ingresó en la Provincia franciscana de Cataluña en 1915 y fue ordenado de sacerdote en 1921. Al año siguiente marchó a las misiones de China, donde permaneció 15 años; volvió luego a España y, cuando quiso regresar a China, se lo impidió la guerra entre China y Japón. En su tierra natal se dedicó de lleno a la propaganda misionera, sobre todo dando conferencias en colegios y escuelas, buscando vocaciones y fondos para las misiones. Además fundó en 1943 la revista misionera Ling Ling.

Para sostener el espíritu misional y la revista, fundó una Institución seglar femenina, la de las «Auxiliares de las Misiones Franciscanas», que tuvo su primera casa central en la calle Calaf 13 de Barcelona. Todos los años, en diciembre, abrían una exposición de objetos de China y Japón para recoger donativos para las misiones. El carisma que el P. Berengueres quiso para sus «Auxiliares» fue el de unas verdaderas hermanas de los Misioneros, como aquellas mujeres de que habla el Evangelio que atendían a Jesús y a sus Apóstoles, cooperando así en la difusión del mensaje del Reino. Desde su fundación, las Auxiliares han mantenido correspondencia y han prestado ayuda a misioneros de América, África, Japón, contribuyendo al mantenimiento y desarrollo de sus obras, y han procurado ganarse amigos y bienhechores de las misiones. En 1978 fueron a trabajar en la misión de Camiri (Bolivia), junto con los franciscanos. La escasez de vocaciones las llevó a fusionarse, el año 1990, con las Franciscanas Auxiliares Laicas Misioneras de la Inmaculada, que tienen su sede en Roma (Via Bibbona 79; 00148 Roma) y desarrollan actividades parecidas a las de nuestra Auxiliares. En 1999 eran 17 miembros en total.

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